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jueves, 25 de febrero de 2016

SARMANTINIANOS HASTA EL FINAL!!!


SAN MARTÍN A 238 AÑOS DE SU NACIMIENTO


     Imaginémonos una mañana tórrida. Febrero 25, 1778. Yapeyú, un pueblo perdido todavía en lo que todavía en la Misiones Guaraníes, en donde estaban los jesuitas, en un caserío a la vera del Río Uruguay, en la actual provincia de Corrientes. Imaginemos esa torridez, los insectos, la humedad pegajosa y ahí una mujer gallega nacida en Paredes de Navas, Orense, Gregoria Matorras del Ser, esposa del Teniente de Gobernador Don Juan de San Martín y Gómez…. Una mujer gallega pariendo su quinto hijo: un varón. El cuarto varón y el último, el benjamín, José.

[Aclaro que me guío por la historia oficial y no por las versiones posteriores que llevan agua para ciertos molinos de modas ideológicas].

     Pariendo un varón de destino grande para la luz americana que lo vio nacer. Un varón que todavía niño va a tierra de sus mayores en 1784 cuando su familia vuelve al terruño natal. Un varón criollo que será enviado a la Escuela Militar para seguir la tradición de la época –rojo vs. negro- y para seguir la tradición de su padre. Un varón que tendrá, en el mundo convulsionado por la invasión expansión napoleónica, que pelear para las tropas leales en la Batalla de Bailén en plena torridez jaenesa. Batalla que duraría tres días del 18 al 22 de julio de 1808 en el julio andaluz de 40 grados, en la que los jaenenses dejaron vacía la ciudad. Batalla en la que finalmente el ejército napoleónico salió derrotado con una capitulación sota manga.

     Un varón criollo que sufrirá, como muchos sufrieron después, el desprecio de servir a la tierra de sus mayores, pero ser ciudadano de segunda. Mucho menos tal vez que de segunda.

     Un varón que leerá seguro primero privadamente y luego lo discutirá en círculos cerrados todas esas ideas de libertad, igualdad, fraternidad.

     Un varón criollo en España que sentirá las resonancias del levantamiento de Buenos Aires.

     Un varón criollo que el 6 de septiembre de 1811 renunciaría a la carrera militar y solicitaría un pasaporte para viajar a Londres. Allí llegó con una carta de recomendación para Lord Macduff. Vivió en el Park Road nro. 23 de Westminster. Y se encontró con otros hispanoamericanos como Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Tomás Guido, Andrés Bello.

     Ese varón que algunos dirán que a partir de ahí formará parte de una liga masónica.

Ese varón que vendrá a ofrecer sus servicios de hombre de armas a los que aquí, en este rincón del mundo, habían tenido la osadía de levantarse tempranamente contra el Imperio en donde no se ponía el sol…

     Venir acá ya hombre maduro, espacialmente para esos tiempos en que no se conocían las adolescencias prolongadas. Venir acá a los treinta y cuatro años y enamorarse de una chica de quince. Enamorarse con mal de amores, a pesar del casamiento consumado en noviembre de 1812 con María de los Remedios de Escalada.

     Venir acá y armar de esos desaliñados, de esos corajudos desorganizados un regimiento primero y un ejército después.

Pelear en San Lorenzo también un febrero, el 3 de 1813. La primera acción armada con su recién creado Regimiento de Granaderos a caballo y con una estrategia semejante a la de Bailén. Cerca de trescientos realistas desembarcaron a orillas del Paraná, casi frente al convento y se encontraron con lo imprevisto, esas dos alas de granaderos en una encerrona. Perder un hombre, al Sargento post mortem Juan Bautista Cabral. Y vencer!

Combate de San Lorenzo

Encontrarse con Belgrano casi un año más tarde el 17 de enero del 14 en la Posta de Yatasto en donde le delegaría el mando del Ejército del Norte.

Irse a Mendoza como Gobernador de la Intendencia de Cuyo para empezar a desarrollar sus preparativos para la campaña al Perú.

 Intimar a Buenos Aires para que se definiera de de una vez. ¿Se imaginan sufrir a los burócratas cuando se está ante tal empresa? Necesitaba la independencia total de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Cruzar los Andes.    
Catre de campaña

    
 
 
 
 
 
     Perder en Cancha Rayada y en el amor.

     Asma. Terror. La soledad.
     Chacabuco...
    Y Maipú.

     Y después el Norte.

     Desembarcar en el Callao y los peruanos queriéndolo hacer rey.

     Y Bolívar que baja con la inconfesable ambición de querer ser él algún día rey. Y el encuentro de Guayaquil y ese varón tal vez harto del asma, de los dolores de estómago, del mal de amor, de los burócratas, de los megalómanos, decide retirarse de todos los honores y dejarle ese ejército victorioso.
     Ese ejército y la insolencia de Lavalle que supo torear la soberbia del  libertador venezolano con la valentía que lo caracterizó en todo momento, menos cuando, enceguecido, ordenó la muerte de Manuel Dorrego…

Ese Capitán Juan Galo de Lavalle, granadero de veinte años que, cuando Bolívar levanta su copa y con su vanidad habitual dice: “No tardará mucho el día en que pasearé el pabellón triunfante de Colombia, hasta en las márgenes del Plata. ¡Brindo por la independencia de América!”, le responde: “La Argentina se halla independiente y libre de toda dominación española, y lo ha estado desde el día en que declaró su emancipación, el 25 de mayo de 1810, hacen ya 11 años. En todas las tentativas para reconquistar su colonia del Plata, los realistas han sido derrotados. Nuestro Himno consagra sus triunfos.
         Ese Lavalle que levanta la copa y dice: “Brindo por la independencia de América!”. Y es ahí que Bolívar le pregunta de dónde es. Juan Galo de Lavalle le responde: “Tengo el honor de ser de Buenos Aires!” El caraqueño lo chucea: “¡Lo supe por los aires altaneros…!  “A mí nadie me responde así, estoy acostumbrado a fusilar insubordinados hasta generales!

“Esos generales no tendrían una espada como la que empuño yo…” contestó Lavalle. Y alguien, Olazábal, tal vez, se lo llevó…

Volviendo a San Martín, que había renunciado ante la Asamblea a su condición de Protector del Perú y se había embarcado hacia Chile y se había establecido en Mendoza en enero de 1823. Le pidió autorización al gobierno de Martín Rodríguez para volver porque su esposa estaba muribunda y Rivadavia, el Ministro de Gobierno, se lo niega con el argumento de que no sería seguro para él. Pero igualmente viene y Remedios ya había muerto el 3 de agosto. En su lápida en la Recoleta dice: «Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

Un varón que no quiso derramar sangre entre hermanos en la guerra entre unitarios y federales. Y finalmente decidió irse con su hija Merceditas. El Generalísimo del Perú, Capitán General de Chile y General de las Provincias Unidas del Río de la Plata se embarcó 10 de febrero de 1824 hacia Le Havre. Pasa un tiempo en Escocia, después se instala en Bruselas, en París en donde su obsesión era la educación de su hija... para terminar Boulogne sur Mer...
 


 Ese varón que se queda mirando la niebla del norte y un día dejará su sable de Libertador al Restaurador, Don Juan Manuel de Rosas, por su tesón ante el bloqueo anglo francés. Tesón que en realidad fue del General Mansilla.

Ese varón que nació un tórrido verano y que hablaba con acento español, pero que ponía lo que hay que poner con la firmeza de los momentos críticos. No con declamaciones de divas. Ese varón con v corta, no con b larga de noble, ese varón plebeyo que no hizo  -sin honores-  más que cumplir con lo que él creía su deber, darnos la base de la patria que tenemos, que todavía soñamos.

Ese varón que hoy homenajeamos en el 238 aniversario de su nacimiento: Don José de San Martín que fue lo que debió ser.

 

®© Ana Sebastián, 21 febr. 1998. Original: 220 años después